jueves, 29 de enero de 2015

Pan Tigre o Jirafa



Con el reto de Bake the World este mes viajamos a Holanda para conocer el Pan tigre. Recibe su nombre por el aspecto de su corteza, que presenta un dibujo en su parte superior que se obtiene, pintando la superficie con una pasta de arroz antes de hornearlo. La pasta se seca y se agrieta durante la cocción, creando un efecto en dos tonos que recuerda a la piel de un tigre, de donde procede su nombre. También podemos encontrarlo con el nombre de pan jirafa, realmente su aspecto recuerda más al aspecto de la piel de una jirafa que a la de un tigre.


Al parecer procede de los Países Bajos, donde se denomina tijgerbrood, y su origen se remonta probablemente a la época en que este país mantenía relaciones comerciales con el sureste asiático. Este pan se ha ido exportando a otros países como Estados Unidos y Canadá. Otra de las características del pan tigre es su aroma, procedente del uso de aceite de sésamo en su preparación. Podemos presentarlo en forma de hogaza, barra o panecillos, aunque podemos hacer cualquier forma. En esta ocasión he optado por hacerlo en dos formas, redonda y alargada, pero podéis elegir la que más os guste para elaborarlo.



INGREDIENTES:
300 gr. de harina panadera
180 ml. de agua
12 gr. de levadura fresca de panadería
5 gr. de leche en polvo
1 cucharada de aceite de oliva (podemos utilizar de girasol o de sésamo)
4 gr. de sal
3 gr. de azúcar

Para la corteza:
30 gr. de harina de arroz
30 ml. de agua
3 gr. de aceite de sésamo
2 gr. de levadura fresca de panadería
1 gr. de sal
3 gr. de azúcar


Ponemos la harina panadera, leche en polvo, sal y azúcar en el bol de la batidora. Calentamos el agua, con cuidado de no pasar 37º y añadimos la levadura desmenuzada, removemos con una cucharita hasta que se disuelva, incorporamos el aceite y vertemos sobre los ingredientes secos. Con el accesorio gancho comenzamos a amasar a velocidad lenta, durante 5 minutos. Debemos conseguir una masa uniforme, lisa y brillante que no se pegue a los dedos. Engrasamos ligeramente con aceite un bol, damos forma de bola a la masa y dejamos reposar tapada con un paño o con film transparente, hasta que duplique su volumen, aproximadamente 1 hora (dependerá de la temperatura y humedad que haya en nuestra cocina).

Mientras tanto preparamos el acabado para la corteza del pan. Para ello ponemos todos los ingredientes en un bol y removemos con una cucharita hasta conseguir una especie de papilla, con cierta densidad, ni muy líquida, ni demasiado espesa. Tapamos con un film transparente y dejamos reposar mientras la masa de pan fermenta. Si cuando la vayamos a utilizar estuviera demasiado espesa, podemos añadir un poquito de agua.

Una vez haya duplicado la masa de pan su volumen, espolvoreamos la superficie de trabajo con una ligera capa de harina y la ponemos encima. Aplastamos un poco para desgasificarla y le damos forma de rectángulo, bien con un rodillo o con la palma de la mano. En este caso he dividido la masa en dos para formar dos tipos de pan; a una de las mitades le he dado forma redonda y la otra con forma de barra. Forramos una bandeja de horno con papel vegetal, depositamos con cuidado ambas piezas y tapamos con un paño o con film transparente ligeramente engrasado (para evitar que se pegue a la masa). Dejamos que fermente durante 25 minutos y a continuación repartimos por encima de los panes, bien con un pincel o con una cuchara, el preparado que hemos hecho para la corteza. Esperamos a que los panes terminen de fermentar y hayan duplicado su tamaño (aproximadamente 25 minutos más).
Horneamos con el horno previamente precalentado a 210º C calor arriba y abajo, durante 25-30 minutos. Una vez fuera del horno los dejamos enfriar sobre una rejilla.






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